27 de julio, ciudad de Medellín, Colombia.
Esta fecha en el territorio nacional nos daba en mitad
de semana, exactamente un miércoles, un día laboral casi que igual a los demás miércoles
del año, excepto por algo; la ciudad giraba en torno a un partido de fútbol que
se disputaría en horas de la noche: 7:45 PM. Para quien no es muy amante del fútbol,
lo pondré en contexto. Aquella fecha a la cual hago referencia se jugaba la
final de la Copa Libertadores de América, una edición más del certamen
continental más importante en esta parte del mundo. En esta ocasión, la final
situaba un equipo colombiano entre los dos finalistas, el rival; un ecuatoriano.
Era el Atlético Nacional quien representaba el país y así mismo la ciudad de
Medellín, lugar donde hace sus veces de local el equipo paisa. Ahora bien, por
este motivo ese miércoles 27 de julio era o se sentía diferente a todos los demás,
era imposible no pensar en el partido, en un resultado
o ganador; en cualquier rincón de la ciudad se hablaba de esta final inédita en
el continente. Y es que era tanto la expectativa y la masa de gente que movía
este encuentro, que el alcalde de la ciudad, el señor Federico Gutiérrez,
anunció de un jueves cívico: siempre y cuando el vencedor fuera el equipo
paisa. Ese día en las calles, aunque no fueron pintadas, tenían aspectos de
color verde, puesto que eran tantas las banderas en las calles y hogares, que difícilmente
se notaba el color de la calle, paredes, casas o incluso el cielo, no solo en
mi barrio podía ver banderas que dejaban una gran sombra en el suelo, en
diferentes sectores de la ciudad también pude evidenciar esa sombra verde y
blanca que brindaba la bandera con los colores del equipo.
En la universidad solo se hablaba del partido, ni las
clases fueron exentas a este fenómeno futbolero que acogió quizás como nunca a
la ciudad. Con los amigos hablé bastante sobre el partido, resultado, la fiesta
post partido, entre otros temas. Al salir de mi última clase del día y que por
cierto era un poco más temprano de lo habitual debido a lo relatado
anteriormente, me dirijo hacia el parqueadero de la universidad por mi moto
para así llegar a casa lo antes posible. Faltaban poco más de tres horas para
el partido y ya se sentía una bulla que no quería imaginar la que iba hacer
llegándose a coronar campeón el Nacional…Al llegar a mi barrio, Popular #1;
todo era fiesta, bombas, banderas, papel picado en las calles, música, cornetas,
trompetas, todo tipo de artefacto que ocasionara ruido era bienvenido. La hora
del partido estaba cada vez más cerca, los nervios y ansiedad de mis amigos y las
personas eran cada vez mayor, porque para muchos, especialmente por su edad,
era el partido más importante de su vida. Yo sentía emoción por el simple hecho
de vivir en la ciudad en donde se iba a disputar semejante encuentro deportivo.
El momento del partido llegó; y con ello el silencio también, aquellos que
daban un resultado a favor, ya no estaban tan confiados, lo podía notar en cada
llegada del equipo rival; Independiente del Valle. Poco era lo que hablaban y
la bulla que podía escuchar, ahora era un ambiente de tensa calma.
Para suerte de los hinchas de Nacional el marcador se
abrió más temprano de lo que esperaban y a favor de ellos, lo que ocasionó un
estallido grandísimo en todos, ahora si los podía escuchar a gritar, la música
volvió a sonar, y con ello el alcohol volvió aparecer; los que estaban nerviosos
y callados, los pude volver a escuchar, y esto debido a que con este resultado
eran campeones de América. Al reanudarse el juego pude notar un rostro de mayor
tranquilidad en las personas que me rodeaban, eso sí; siempre y cuando el
equipo rival no ocasionara una jugada de peligro, y esto porque después del
gol, el equipo rival fue a buscar con mayor intensidad el partido, jugaban cada
pelota como si fuera la última, mientras que los hinchas del verde paisa sufrían
con cada balón parado como si se tratara de un penal en contra.
El primer tiempo finaliza y con esto pude notar que el
sufrimiento y la angustia también (al menos por un momento); los jugadores
refrescaban su cuerpo con agua, mientras que nosotros los televidentes e
hinchas, tomábamos cerveza para hacer más corta la espera del segundo tiempo.
Los hinchas verdes saboreaban en cada trago de cerveza el título continental, y
para el cual, solo restaban 45 minutos de fútbol.
Comenzó el segundo tiempo y rápidamente pude notar que
el silencio y la angustia volvió en las personas, solo escuché “vamos verde”.
Con el segundo tiempo en juego se evidenciaba aún más, las ganas del final del
juego, ya no lo querían jugar, ya querían que el partido finalizara y los
proclamaran como campeones del continente. Para placer de ellos el Nacional
dominaba el balón en gran parte del partido, era más un trámite que cualquier
otra cosa, ninguno quería hacerse daño, daba la impresión que ambos estaban
conformes con el resultado, aunque el vencedor fuera uno. Quedaban pocos
minutos y el sufrimiento era mayor, unos no querían ni mirar el final del
encuentro; mientras que había otro más confiado que brindaba por ese sueño
logrado, pasaban los minutos y con ellos las caras de angustia que fueron
evidentes a lo largo del partido se espumaron. Final del encuentro, resultado
final: 1-0, global: 2-1, por ende, Atlético Nacional era el nuevo monarca del
continente sudamericano.
Con el pitazo final llegó la coronación y con esto la celebración,
todo era alegría y felicidad en cada uno de los hinchas del Nacional. La
cerveza abundaba en cada esquina, la música relacionada al equipo verde se podía
escuchar a todo volumen sin importar que como lo dije anteriormente, era un día
de semana; un día laboral. La gente celebraba con maicena, alcohol, papel
picado, banderas, trompetas, era tal el bullicio que sentí, que en ocasiones
llegué a pensar que estaba en diciembre, que era año nuevo. Las caravanas de
gente caminando, en moto, carros, bicicletas, parecían que nunca fueran a
terminar, no importaba el frío o la hora, la gente andaba sin camisa y con una
cerveza fría en la mano como si se tratase de un día caluroso. Los borrachos
abundaban, aunque se mezclaban con las demás personas y pasaban así desapercibidos.
Pasaban los minutos y daba la impresión que la celebración era igual o mayor
aún podía observar mucha gente por las calles de mi barrio. Se necesitaron quizás
de 3, 4 horas; no sé exactamente, para poder sentir un poco de calma, aunque la
celebración no pasó, en varias casas grupos de personas festejaban ya de una manera
más privada el triunfo del equipo al cual aman.
Lo que pude sentir aquella vez me demostró cuán importante
es el fútbol en la vida de las personas, como puede cambiar el estado de animo
de una persona, sin necesidad de recibir nada a cambio, al contrario; se gastó
dinero propio por un equipo de fútbol, mientras el equipo y los jugadores recibían
millones y millones de pesos por obtener dicho título. Esto me demostró que,
aunque haya tantos deportes, aunque se critique tanto el fútbol, es sin ninguna
duda el deporte rey. Por cierto, y para finalizar; este 27 de julio para mi si
fue un día normal, y no porque no me guste el fútbol, nada más y nada menos
porque soy hincha del eterno rival del Atlético Nacional, estoy hablando del Deportivo
Independiente Medellín.