domingo, 31 de julio de 2016

Solo el fútbol lo puede lograr

27 de julio, ciudad de Medellín, Colombia.

Esta fecha en el territorio nacional nos daba en mitad de semana, exactamente un miércoles, un día laboral casi que igual a los demás miércoles del año, excepto por algo; la ciudad giraba en torno a un partido de fútbol que se disputaría en horas de la noche: 7:45 PM. Para quien no es muy amante del fútbol, lo pondré en contexto. Aquella fecha a la cual hago referencia se jugaba la final de la Copa Libertadores de América, una edición más del certamen continental más importante en esta parte del mundo. En esta ocasión, la final situaba un equipo colombiano entre los dos finalistas, el rival; un ecuatoriano. Era el Atlético Nacional quien representaba el país y así mismo la ciudad de Medellín, lugar donde hace sus veces de local el equipo paisa. Ahora bien, por este motivo ese miércoles 27 de julio era o se sentía diferente a todos los demás, era imposible no pensar en el partido, en un resultado o ganador; en cualquier rincón de la ciudad se hablaba de esta final inédita en el continente. Y es que era tanto la expectativa y la masa de gente que movía este encuentro, que el alcalde de la ciudad, el señor Federico Gutiérrez, anunció de un jueves cívico: siempre y cuando el vencedor fuera el equipo paisa. Ese día en las calles, aunque no fueron pintadas, tenían aspectos de color verde, puesto que eran tantas las banderas en las calles y hogares, que difícilmente se notaba el color de la calle, paredes, casas o incluso el cielo, no solo en mi barrio podía ver banderas que dejaban una gran sombra en el suelo, en diferentes sectores de la ciudad también pude evidenciar esa sombra verde y blanca que brindaba la bandera con los colores del equipo.

En la universidad solo se hablaba del partido, ni las clases fueron exentas a este fenómeno futbolero que acogió quizás como nunca a la ciudad. Con los amigos hablé bastante sobre el partido, resultado, la fiesta post partido, entre otros temas. Al salir de mi última clase del día y que por cierto era un poco más temprano de lo habitual debido a lo relatado anteriormente, me dirijo hacia el parqueadero de la universidad por mi moto para así llegar a casa lo antes posible. Faltaban poco más de tres horas para el partido y ya se sentía una bulla que no quería imaginar la que iba hacer llegándose a coronar campeón el Nacional…Al llegar a mi barrio, Popular #1; todo era fiesta, bombas, banderas, papel picado en las calles, música, cornetas, trompetas, todo tipo de artefacto que ocasionara ruido era bienvenido. La hora del partido estaba cada vez más cerca, los nervios y ansiedad de mis amigos y las personas eran cada vez mayor, porque para muchos, especialmente por su edad, era el partido más importante de su vida. Yo sentía emoción por el simple hecho de vivir en la ciudad en donde se iba a disputar semejante encuentro deportivo. El momento del partido llegó; y con ello el silencio también, aquellos que daban un resultado a favor, ya no estaban tan confiados, lo podía notar en cada llegada del equipo rival; Independiente del Valle. Poco era lo que hablaban y la bulla que podía escuchar, ahora era un ambiente de tensa calma.
Para suerte de los hinchas de Nacional el marcador se abrió más temprano de lo que esperaban y a favor de ellos, lo que ocasionó un estallido grandísimo en todos, ahora si los podía escuchar a gritar, la música volvió a sonar, y con ello el alcohol volvió aparecer; los que estaban nerviosos y callados, los pude volver a escuchar, y esto debido a que con este resultado eran campeones de América. Al reanudarse el juego pude notar un rostro de mayor tranquilidad en las personas que me rodeaban, eso sí; siempre y cuando el equipo rival no ocasionara una jugada de peligro, y esto porque después del gol, el equipo rival fue a buscar con mayor intensidad el partido, jugaban cada pelota como si fuera la última, mientras que los hinchas del verde paisa sufrían con cada balón parado como si se tratara de un penal en contra.

El primer tiempo finaliza y con esto pude notar que el sufrimiento y la angustia también (al menos por un momento); los jugadores refrescaban su cuerpo con agua, mientras que nosotros los televidentes e hinchas, tomábamos cerveza para hacer más corta la espera del segundo tiempo. Los hinchas verdes saboreaban en cada trago de cerveza el título continental, y para el cual, solo restaban 45 minutos de fútbol.  

Comenzó el segundo tiempo y rápidamente pude notar que el silencio y la angustia volvió en las personas, solo escuché “vamos verde”. Con el segundo tiempo en juego se evidenciaba aún más, las ganas del final del juego, ya no lo querían jugar, ya querían que el partido finalizara y los proclamaran como campeones del continente. Para placer de ellos el Nacional dominaba el balón en gran parte del partido, era más un trámite que cualquier otra cosa, ninguno quería hacerse daño, daba la impresión que ambos estaban conformes con el resultado, aunque el vencedor fuera uno. Quedaban pocos minutos y el sufrimiento era mayor, unos no querían ni mirar el final del encuentro; mientras que había otro más confiado que brindaba por ese sueño logrado, pasaban los minutos y con ellos las caras de angustia que fueron evidentes a lo largo del partido se espumaron. Final del encuentro, resultado final: 1-0, global: 2-1, por ende, Atlético Nacional era el nuevo monarca del continente sudamericano.


Con el pitazo final llegó la coronación y con esto la celebración, todo era alegría y felicidad en cada uno de los hinchas del Nacional. La cerveza abundaba en cada esquina, la música relacionada al equipo verde se podía escuchar a todo volumen sin importar que como lo dije anteriormente, era un día de semana; un día laboral. La gente celebraba con maicena, alcohol, papel picado, banderas, trompetas, era tal el bullicio que sentí, que en ocasiones llegué a pensar que estaba en diciembre, que era año nuevo. Las caravanas de gente caminando, en moto, carros, bicicletas, parecían que nunca fueran a terminar, no importaba el frío o la hora, la gente andaba sin camisa y con una cerveza fría en la mano como si se tratase de un día caluroso. Los borrachos abundaban, aunque se mezclaban con las demás personas y pasaban así desapercibidos. Pasaban los minutos y daba la impresión que la celebración era igual o mayor aún podía observar mucha gente por las calles de mi barrio. Se necesitaron quizás de 3, 4 horas; no sé exactamente, para poder sentir un poco de calma, aunque la celebración no pasó, en varias casas grupos de personas festejaban ya de una manera más privada el triunfo del equipo al cual aman.  

Lo que pude sentir aquella vez me demostró cuán importante es el fútbol en la vida de las personas, como puede cambiar el estado de animo de una persona, sin necesidad de recibir nada a cambio, al contrario; se gastó dinero propio por un equipo de fútbol, mientras el equipo y los jugadores recibían millones y millones de pesos por obtener dicho título. Esto me demostró que, aunque haya tantos deportes, aunque se critique tanto el fútbol, es sin ninguna duda el deporte rey. Por cierto, y para finalizar; este 27 de julio para mi si fue un día normal, y no porque no me guste el fútbol, nada más y nada menos porque soy hincha del eterno rival del Atlético Nacional, estoy hablando del Deportivo Independiente Medellín.